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DIAS ONLINE

jueves, 9 de febrero de 2012

Revista Rolanroc enero 1974 Miguel Grinberg






EDITORIAL:

Finalmente con vos. No fue fácil. Durante más de un año armamos y deshicimos este periódico, altamente impactados por las cosas que pasaban alrededor. No nos interesa hacer un pasquín intelectualoide, ni una colección de consignas políticas baratas. En principio nos estamos dirigiendo a quienes durante los últimos ocho años han constituido el llamado "Público de Rock", pero no pensamos concentrarnos solamente en la música. Tampoco tendremos un elenco estable de "periodistas" especializados en contarles a los lectores las cosas que esos mismos lectores viven día a día. También queremos llegar a los estudiantes y a la "otra gente" que no sabe bien de qué se trata, y tiene de nosotros la imagen deforme que les venden las revistas comerciales mentirosas.
ROLANROC es una situación a través de la cual podrán expresarse todos aquellos que deseen denunciar cosas fuleras o anunciar cuestiones nobles por venir. Si bien la música ha sido nuestro motivo principal de encuentro durante casi una década, ni los músicos ni el público asistente a recitales y comprador de discos han ido más allá de las vagas meditaciones sobre las pálidas del Mundo Viejo.
Claudio Gabis lo dijo claro en noviembre de 1972: "Lo nuestro y lo de todos empezó como un juego y no estábamos preparados para entender lo que pasaba. Teníamos algunas ideas bastante firmes como la de Abrir los cocos, es decir, darles letras que hablaran de sus propios problemas y estuvieran hechas con seriedad pero no llegábamos mucho más allá porque nosotros mismos no teníamos las cosas demasiado claras. La actitud era estar en contra, sabíamos que no nos gustaban las cosas como estaban, pero éramos incapaces de plantearnos seriamente la posibilidad de modificarlas. Para la mayoría de la gente del Rock, la revolución consistía en fumar marihuana, en ser músico y no estudiante. Los hechos políticos no existían. La ambición de todos y la mía hasta hace poco tiempo, lo confieso, era tener un lindo equipo amplificador, una guitarra de la mejor calidad y una pieza bien aislada donde poder tocar todo el día. Tal era nuestra indiferencia al fenómeno político que el hecho de descubrir que uno es capaz de tener una ideología, aún sin proponérselo, surgió como un descubrimiento. Por eso ya me parece que no tiene sentido subirse a un escenario y hacer el show de las 6 canciones o tocar bien y nada más, porque yo era el mejor hace tres años y hoy en día hay por lo menos 40 tan buenos como yo, pero la eficacia con que se domina la técnica es un hecho previo a la verdadera importancia de lo que se toca. La única coincidencia es que tomamos formas musicales parecidas, pero la ideología fue siempre confusa y contradictoria y, a pesar de proponernos quedar al margen de las pautas comerciales, creamos entre nosotros una terrible competencia."
Y aquí aparece el nudo del fato. Competir es un vicio nefasto del modo de vida que rechazamos, es el truco mediante el cual el Sistema y sus aprovechadores hacen que nos morfemos entre nosotros mientras todo sigue igual. Pero si mencionamos la palabra ideología no lo hacemos con la idea de adherir incondicionalmente a un ismo político pre-establecido por las momias. Lo hacemos para enfocar el problema: mientras nuestro disconformismo sea digerible y no perjudique los negocios somos los "locos permitidos". Pero si la rebelión se contagia de matices revolucionarios, entonces ¡leña! Lo vemos día a día tanto en la Argentina como en todo el mundo. Es hora de definirse, lo cual exige abandonar el miedo, buscar a los seres afines y plantearse la creación de alternativas verdaderas, en vez de complacerse con pretextos y evasiones.
Cuando el Aparato puso de moda a los hippies, con chamuyos bobalicones y pavadas a rolete, ningún órgano de prensa habló de los diggers o los provos, porque la actitud militante y revolucionaria de éstos sí era peligrosa. Y así mil cosas más.
En esta edición se fusionan el número 0 que nunca editamos y parte del número 1 que anunciamos también en noviembre de 1972. Esta no es la última palabra, a lo largo del rumbo iremos afinando mejor algunas cosas y tirando lastre por la borda. Contamos con vos. No vamos a jugar a papis de ningún Movimiento, ni a polemizar con los babiecas. Vamos a hacer lo posible para comunicarnos con todos los que en el Interior de la Argentina y de América luchan solos o en conjunto para acabar con la injusticia y la represión. Vamos a tratar de confluir con quienes anhelan lo mismo en otros planos de la vida social. Nosotros también somos el pueblo. ¿Sabías?



Rock, música dura: la suicidada por la sociedad

Son tantos los matices que comprende la actitud creativa de la música local -entendiendo que en esa actitud existe un compromiso con el momento cósmico humano-, son tantos los pasos que sucesivamente deforman los proyectos, incluso los más elementales como ser mostrar una música, reunir mentes libres en un recital, producir en suma algún sonido entre la maraña complaciente y sobremuda que:

EL QUE RECIBE DEBE COMPRENDER DEFINITIVAMENTE QUE LOS PROYECTOS EN MATERIA DE ROCK ARGENTINO NACEN DE UN INSTINTO.

Por lo tanto: él Rock no le concierne a ciertas músicas que aparentemente INTUIDAS POR LAS NATURALEZAS DE QUIENES LAS EJECUTAN- siguen guardando una actitud paternalista, tradicional en el sentido enfermo de la tradición, formulista, mitómana, y en la última flotación de esta contaminación, sencillamente "facha".

Solo en la muerte muere el instinto. Por lo tanto, si éste se mantiene invariable, adjunto a la condición humana a la que necesitamos modificar para reiluminarnos masivamente, quiere decir que tal instinto es la vida.

El Rock no es solamente una forma determinada de ritmo o melodía. Es el impulso natural de dilucidar a través de una liberación total los conocimientos profundos a los cuales, dada la represión, el hombre cualquiera no tiene acceso.

El Rock muere solo para aquellos que intentaron siempre reemplazar ese instinto por expresiones de lo superficial, por lo tanto lo que proviene de ellos sigue manteniendo represiones, con lo cual solo estimulan "EL CAMBIO'' exterior y contrarrevolucionario. Y no hay cambio posible entre opciones que taponan la opción de la ' liberación interior.

El Rock no ha muerto.

En todo caso, cierta estereotipación. en los gustos de los músicos debería liberarse y alcanzar otra luz.

El instinto muere en la muerte, repito.

El Rock es el instinto de vivir y en ese descaro y en ese compromiso.

Si se habla de muerte se habla de muerte, si se habla de vivir, VIDA.

Más vale que los rockeros, cualesquiera sean sus tendencias (entre las cuales dentro de lo que se entiende por instinto de Rock no hay mayores contradicciones) jamás se topen con los personajes hijos de puta demonios colaterales del gran estupefaciente de la represión que pretende conducirnos por el camino de la profesionalidad.

Porque en esa profesionalidad se establece -y aquí entran a tallar todas las infinitas contusiones por las que se debe pasar hasta llegar a dar- un juego que contradice a la liberación, que pudre el instinto, que modifica como un cáncer incontenible la piel original de la idea creada hasta hacerla, en algunos casos, pasar a través de un tamiz en el que la energía totalizadora de ese nuevo lenguaje abandona la sustancia integral que el músico dispuso por instinto en su momento de crear, y luego esa abortación está presente en los escenarios, en la afinación, hasta en la imagen exterior del mensaje cuando por fin se hace posible verlo.

Tengo conciencia de que el público ve esta debilidad y no se libera: sufre.

Luego esta ausencia de totalidad, esa parcialidad, es el negocio del Rock.

El negocio del cual viven muchos a costa de los músicos, poetas, autores, y hombres creativos en general. O sea, esta difamación de proyectos sólo adquiere relieve en esa "ganancia" que representa haber ejecutado el negocio, y solamente en ese nivel hay una aparente eficacia. Es la parcialidad de pretender que algo que es de todos termine en definidas cuentas en manos de aquellos bastardos de siempre.
Este mal, por ultimo último rebote, cae nuevamente en la nuca de los músicos, y los hace pelota. Luego de participar del juego, son muy pocos los que aun permanecen con fuerzas para impedir la trampa al repetir una y otra vez el juego mediante el cual expresarse, o simplemente arriesgar en el precipicio de la deformación un mensaje que por instintivo es puro y debería llegar al que lo recibe tal cual nació.

Este juego pareciera ser el único posible (hay mentalidades que nos fuerzan a que sea así).

Lo importante es que hay otros caminos.

Luego de haber caído tantas veces antes de ejecutar esa caída final, parábola definitiva en la que se cierran los cerebros para no amar ni dar, hay muy pocos músicos que pueden seguir conservando, ese instinto.

DENUNCIA
SIN EL LIMITE DE LA DENUNCIA
A LO QUE NO RECIBE DENUNCIA
A LO QUE LA DENUNCIA TRASPASA
A ALGO PEOR QUE LA DENUNCIA MISMA.

Denuncio a los representantes y productores en general, y los merodeadores de éstos sin excepción, por indefinición ideológica y especulación comercial.

Ya que estos no se diferencian de los patrones de empresa que resultan explotadores de sus obreros. O sea, por ser los engranajes de un pensamiento de liberación a quienes no les interesa que toda la pieza se mueva, dado que al producirse el más mínimo movimiento, serían los primeros en autoreprimirse y dejarían por tanto de participar de "la cosa".

Denuncio a ciertas agrupaciones musicales que se alimentan con esas mentalidades no libres, a pesar de contar con el apoyo del público de mente libre.

Denuncio a otros grupos musicales por repetitivos y parasitarios, por atentar contra la música amplia y desprejuiciada, estableciendo mitos con imágenes calcadas de otras músicas que son tan importantes como las que ellos no se atreven a crear ni sentir.

Denuncio a los tildadores de lo extranjerizante porque reprimen la información necesaria de músicas y actitudes creativas que se dan en otras partes del planeta, y porque consideran que los músicos argentinos no pueden identificarse con sentimientos hoy día universales. Además es de prever que si estos señores desconocen que la Argentina provee a su música nuevos contenidos nativos, ellos mismos están minimizando la riqueza de una creación local apenas florecida.

Denuncio a otras mentalidades por elitistas y pronosticadoras del suceso de la muerte de algo que por instintivo no puede morir antes que la vida misma.

Denuncio a las editoriales "fachas" por distribuir información falsa en sí misma y por deformar la información verdadera para hacerla coincidir con las otras mentalidades a las que denuncio.

Denuncio a los partícipes de toda forma de represión por represores y a la represión en sí por atañir a la destrucción de la especie.

Denuncio finalmente a mi yo enfermo por impedir que mi centro de la energía esencial domine este lenguaje al punto de que provoque una total transformación en mí y en quien se acerque a ésto.

El Rock, música dura, cambia y se modifica, es un instinto de transformación.

Luis Alberto Spinetta

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